LÁGRIMAS NEGRAS

ALEJANDRA PRIETO
20 MAY – 25 JUN 2011

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Desde sus inicios como artista visual, Alejandra Prieto se ha dedicado a pensar el estatuto del objeto en las sociedades de consumo contemporáneas, tanto sus condiciones de producción, como su funcionalidad y sus modos expositivos, a través de una investigación centrada en las potencialidades de diversos materiales y mediante la exploración de distintas plataformas de representación como son la fotografía, la animación 3D y la escultura.

En los últimos años la artista ha centrado su trabajo en la reflexión sobre las posibilidades representacionales y críticas del carbón mineral. A través de sus trabajos con carbón ha pensado sobre los mecanismos de (in)visibilidad propios del modo de despliegue mercantil. En los objetos de Prieto se hacen visibles relaciones reprimidas en los sistemas de representación cotidianos, signados por el mercado y su estética, como son, por ejemplo, la relación entre el gasto de energía en los procesos de producción (significados aquí en la materialidad del carbón) y la comodidad y descanso en que vivimos los consumidores de estos objetos en nuestra vida cotidiana. En los trabajos de la artista también se establecen relaciones entre la sofisticación del diseño de punta y la mano de obra no calificada necesaria para su reproducción, entre el modo de exposición vitrinesco y el modo de exposición artístico y entre los modos subjetivos de entrada a la mercancía y al objeto artístico aurático.

En ‘Lágrimas negras’ Prieto nos presenta una nueva torsión en su trayectoria de experimentación formal. Esta obra está constituida por dos objetos de carbón mineral extraído en la zona de Curanilahue: una lámpara de lágrimas y un espejo de gran escala. Como en sus obras anteriores, en Lágrimas negras se plantean cuestiones vinculadas a la relación del espectador con los objetos que lo rodean en su vida cotidiana. En esta oportunidad, el espectador mismo es situado en medio de una gramática de luz y reflexión. Tanto el espejo como la lámpara que componen este trabajo, pese a estar construidos con el “material bastardo” del carbón, poseen la misma funcionalidad que lámparas y espejos “reales”. La lámpara alumbra, el espejo refleja. Así, las líneas divisorias entre representación y presentación y entre sujeto de la vida cotidiana y espectador de arte quedan interrogadas.

Al mismo tiempo, ‘Lágrimas negras’ tiene su antecedente en un espejo de carbón confeccionado alrededor del 900 A.C. por algún habitante de la cultura chavín en los Andes centrales. El carbón fue efectivamente usado como un material reflectante en las culturas precolombinas. Este antecedente histórico, significado en la reflexión real del espejo de Prieto, sugiere otras genealogías de lectura que sobrepasan la circularidad de una recepción reducida a un contexto moderno u occidental.